31/12/22

II.6 Econ. de los Bienes Comunes - Ecología Social - Comunalismo

  0. Introducción

Una clase de "Males de la humanidad" detectados por observación de una persona común - que no ha querido estar ya más distraída -  se corresponde con los efectos que se dan como consecuencia de acciones y omisiones naturalizadas y legalizadas por la teoría económica capitalista a nivel global. Una especie de esa clase  resulta ser la  "Cercamiento y explotación de los bienes comunes naturales y sociales". En el presente apartado se reseña una acotada investigación respecto a este Mal.



1. Los Bienes Comunes o Procomún

1.1. Bienes según régimen de propiedad y usufructo

 Los economistas modernos generalmente categorizan los bienes desde el punto de vista del uso en cuatro grandes grupos en función de esas dos características: 

• Rivalidad: los bienes que poseen “rivalidad” son aquellos cuyo consumo o uso por algún individuo en particular previene que otras personas puedan usarlo en ese momento. Algunos bienes no solo poseen rivalidad pero además son consumibles. No solo bienes físicos pueden ser rivales. 

Excludibilidad: aquellos bienes de los cuales se puede prevenir el consumo de acuerdo a algún criterio, generalmente, pago por el uso.


(I) Bienes Privados, o escasos o económicos, son aquellos en los que coinciden tanto la rivalidad como la excludibilidad. Pueden ser también de propiedad estatal si se trata de bienes de dominio privado.

(II) Bienes Públicos no Puros son aquellos en los que se puede excluir del consumo del mismo a algunas personas, normalmente mediante la aplicación de un precio, pero no tienen rivalidad. Habitualmente llamados bienes de monopolios naturales, o de empresa pública. Los monopolios naturales se dan en los servicios públicos básicos (agua potable, alcantarillado, cloacas, etc) y las denominadas industrias de redes, energía, telecomunicaciones y transporte. También ocurre en el caso de infraestructuras de dichos servicios. Pueden estar privatizados

(III)a Bienes Públicos Libres son bienes no económicos o de libre acceso, que también tienen como fin satisfacer necesidades humanas: luz solar, aire, lluvia, viento, marea. No tienen ni dueño ni precio por ser abundantes o de imposible limitación en cuanto a su acceso, o por no requerir de un proceso productivo para su obtención. 

 (III)b Bienes Públicos Puros pertenecen o son provistos por el Estado a cualquier nivel. Tienen dos características principales: por un lado, los bienes han de ser no rivales en su consumo. Por otro lado, existe imposibilidad de excluir del consumo de un determinado bien a nadie porque no pague, puesto que no es posible discriminar mediante precio quién puede y quién no hacer uso de ellos. Susceptibles del problema del polizón (los disfrutan todos, hayan aportado impuestos o no). Ejemplos son caminos, calles, plazas, parques, playas, mar, seguridad, espacio aéreo, espacio radiofónico, salud, cultura, justicia, seguridad, entre otros. 

 (IV) Bienes Comunes son aquellos que poseen rivalidad –por ser finitos– pero no excludibilidad. Los recursos comunes son o naturales o hechos por los humanos, en los cuales el uso por una persona substrae del (o disminuye el) uso por otros y al mismo tiempo es difícil excluir usuarios. Un recurso común consiste, típicamente, de un recurso material o central o básico (por ejemplo, agua de un río, pastizales, peces, bosques, atmósfera, etc). Los recursos comunes inmateriales, tal como el conocimiento social y código, comparten principios similares con la producción colaborativa.


1.2. Qué son los Bienes Comunes y por qué son fundamentales

Los Bienes Comunes son aquellos elementos natural o socialmente construidos que tienen la característica de ser (o de deber ser) colectivos y transgeneracionales

La economía de los Bienes Comunes o Comunales o del Procomún (Provecho común) es aquella que considera los bienes de propiedad colectiva y los produce y gestiona también de manera colectiva, considerando que pertenecen a todos no perteneciendo a nadie en particular

Los bienes, recursos, procesos o cosas que en la actualidad pueden ser considerados como parte del Procomún comprenden desde los  Bienes Comunes propiamente dichos tales como el servicio de ecosistemas  o como el conocimiento en general (por ejemplo Wikipedia Commons), a los Bienes públicos libres y Bienes públicos puros, ya sea que se trate de bienes físicos (tales como parques, playas, caminos) o de bienes abstractos (tales como justicia, defensa o seguridad). 

Es decir, comprende aquello que aún no ha sido cercado de manera tal que permita la exclusión de las personas en el usufructo y goce de los mismos. 

Si nos remontamos a algunos pocos milenios atrás toda extensión de tierra sobre el planeta y lo que contenía era común. Apenas unos siglos atrás vastas regiones del planeta como África, América, Asia, Oceanía e incluso porciones de Europa se caracterizaban por régimen comunitario de propiedad y acceso a las tierras y recursos. 

Lo comunal es la situación que prevaleció durante decenas de miles de años, desde el origen del Homo Sapiens hasta que se empezaron a verificar cercamientos o privatizaciones de lo común, incluyendo en dichos cercamientos de lo común a las “estatizaciones”. Hay quienes han intentado asimilar economía comunal con el Estado. Pero esto último hubiera sido bajo la suposición de que comunidad y Estado (comunidad jurídicamente organizada) pudieran haber alguna vez coincidido.

Lo que está bajo dominio estatal debe ser tratado como “cercado” porque tanto bajo regímenes autoritarios como en la mayoría de las democracias formales de la actualidad el Estado se presenta como un organismo autónomo de la sociedad y de las comunidades, y hasta divorciado ajeno respecto de las mismas cuando se verifica que los representantes no respetan los mandatos por los que fueron elegidos por esa sociedad. Por lo tanto lo estatal puede y debe ser considerado como privado o cercado

Andreas Weber en el libro “The Wealth of the Commons” afirma que los bienes comunes, principalmente bienes naturales como la tierra, sus frutos o el agua, comenzaron a transformarse en propiedad privada en torno al año 1.500. Sostiene Silvia Federici en su obra Calibán y la Bruja (2010) que durante la primera fase del desarrollo capitalista, las mujeres supusieron la primera línea de defensa contra los cercamientos tanto en Inglaterra como en el Nuevo Mundo, y fueron las defensoras más aguerridas de las culturas comunales que amenazaba con ser destruidas por la colonización europea. En Perú, cuando los conquistadores se hicieron con el control de los pueblos, las mujeres escaparon a las montañas, en las que recrearon modos de vida colectivos que han sobrevivido hasta nuestros días. 

La economía del Procomún o de los Bienes Comunes (Commons, en inglés) es una de las alternativas que se plantean a la economía de mercado capitalista. Esta forma de entender la economía ha reverdecido en las últimas décadas gracias por un lado, a Elinor Ostrom con su trabajo "El gobierno de los bienes comunes" y su premio Nobel de economía en 2009, y por otro al movimiento de los CreativeCommons, o (Bienes) Comunes Creativos. Sin embargo, no es algo nuevo ya que, como se dijo, la de los Bienes Comunes era la forma normal de gobernanza antes de la aparición de la economía pre-capitalista


1.3. Manifiesto Fortalecer los Bienes Comunes

Lo que sigue es una transcripción parcial del “Manifiesto Fortalecer los Bienes Comunes”, Fundación Heinrich Boll, 2008-2009.

Los bienes comunes son diversos. Son parte fundamental y condición de nuestra riqueza común. Incluyen el conocimiento y el agua, las semillas y el software, técnicas culturales y la atmósfera. Los bienes comunes son indispensables, pero no son una cosa, se relacionan con nosotros de una manera polifacética. Conforman la red de una sociedad libre. 

Los bienes comunes no pertenecen a alguien en particular, pero tampoco es que son de nadie. Se generan, conservan y cuidan en diferentes comunidades, desde la familia hasta la sociedad internacional; se redefinen permanentemente. Si esto no ocurre, se degradan y con ello se va disminuyendo la posibilidad de asegurar nuestras vidas. 

Los bienes comunes son el requisito para que los seres humanos vivan y se desenvuelvan. La diversidad de los bienes comunes significa tener un futuro. 

Los bienes comunes son la base de cada actividad económica. Por tanto también deben ser resultado de nuestro actuar. En efecto, tenemos que reproducir los bienes comunes de forma continua, ya que constantemente empleamos el conocimiento transmitido y las materias primas que tenemos a disposición para producir bienes de consumo, o para crear cultura y educación. Sin bienes comunes vitales la producción es imposible; sin bienes comunes las empresas no pueden ganar dinero. 

Con frecuencia los bienes comunes son desplazados primero de la vida misma, después de nuestra conciencia. Una razón para esta erosión es que particulares se atribuyen el derecho de usar ilimitadamente las cosas. Pero donde se cercenan los derechos al uso del agua o de las semillas a causa del cálculo económico o mediante la arbitrariedad del Estado, donde la explotación abusiva destruye nuestro patrimonio natural, donde los espacios públicos se desarticulan cada vez más, donde el otorgamiento de patentes para software restringe la creatividad y la economía, donde hacen falta redes confiables, ahí, aumentan la dependencia y la inseguridad. 

No es exclusivamente la forma jurídica la que decide sobre los bienes comunes. Lo decisivo es si se hacen valer y garantizan los derechos de uso tomando la comunidad como punto de referencia y, cómo se ejercen esos derechos de uso. 

Los derechos de uso de la comunidad son (deben ser) luces rojas para los derechos de uso individuales .Por tanto no puede haber derechos de propiedad exclusivamente privados sobre bienes comunes, marginando a otros. No importa si los respectivos objetos son de carácter material o inmaterial, que pertenezcan a la esfera natural, cultural o social. 

Para evitar abusos hay que considerar más que nunca dos condiciones para cualquier forma de propiedad

•Por un lado cada uso tiene que garantizar que no se destruya o agote la existencia de bienes comunes

•Por otro hay que garantizar que nadie que tenga derechos sobre los bienes comunes o dependa de ellos sea excluido de su uso y acceso. 

Por tanto, uso y acceso se tienen que configurar de tal manera que hagan posible conservar, cuidar y desarrollar los bienes comunes. Estos, entonces, son los principios de la sustentabilidad y de la participación justa

Lo que fue público o es financiado con recursos públicos debe mantener su acceso público. Solo así puede servir a todos, por ejemplo, la investigación sostenida por el Estado. No existe motivo convincente para otorgar a editores o consorcios farmacéuticos derechos excesivos y exclusivos de explotación cuando se trata de resultados públicos de investigación y, sin embargo, ocurre. En efecto, de ello resultan: revistas científicas prácticamente inaccesibles para el público en general y precios encarecidos para medicamentos de importancia vital. Las alternativas surgen del movimiento a favor de los bienes comunes. Lo comprueban numerosos proyectos que promueven modelos más justos de licencias e incentivos en la ciencia y la cultura. 

Tener en cuenta el rol de los bienes comunes obliga a una reorientación fundamental de la idea dominante de la propiedad. Disponer de bienes comunes con una orientación utilitaria tiene desventajas graves para la mayoría de los seres humanos en el presente y el futuro. Lo muestran el cambio climático y el consumo, que agota los recursos naturales, y también la economía financiera cuyo afán de lucro ha roto con cualquier vínculo. Además, nuestra calidad de vida se restringe por la comercialización excesiva del conocimiento y su escasez artificial. Así, nuestros bienes culturales quedan petrificados como mercancía y la publicidad ocupa el espacio público.

Los bienes comunes son el fundamento de la vida en un doble sentido: sin bienes comunes naturales no hay supervivencia y sin bienes culturales el ser humano queda privado de su esencia

Los problemas planteados aquí nos afectan a todos directamente. Las empresas requieren de bienes comunes para que puedan seguir ganando dinero en el futuro. Sin embargo, todos los necesitamos para (sobre) vivir. Esto es una verdad esencial que justifica por qué en el caso de los bienes comunes los derechos de uso de la comunidad siempre cobra mayor valor que los derechos de uso de entidades privadas. En este campo el Estado tiene el deber de proteger, es una responsabilidad de la cual no debemos liberarlo. Ello no significa que el Estado siempre sea el mejor fiduciario para los intereses de las creadoras y los usuarios de bienes comunes. Entonces, el reto consiste en impulsar instituciones y formas de organización complementarias así como reglas innovadoras en cuanto a acceso y uso de bienes comunes; no exclusivamente, pero también al margen del mercado o del Estado, para beneficio del conjunto de la sociedad. 

¿Qué hacer?

Los bienes comunes se re descubren y se defienden. 
Hoy personas en todo el mundo se defienden contra las desgarraduras en la red social que las sostiene, contra proyectos de presas y minería que destrozan la vida y el suelo; contra las prácticas económicas que hacen avanzar el cambio climático; contra el procedimiento de obligar a instituciones educativas y de salud a pensar conforme a la lógica del lucro; contra la manipulación de nuestro patrimonio genético y la exagerada restricción de nuestro acceso al conocimiento y la cultura. Los seres humanos reclaman lo que les pertenece: trátese de una iniciativa ciudadana para recuperar el suministro de agua público municipal, de una comunidad indígena en la cuenca del Amazonas, de un movimiento mundial por la justicia climática o para mantener libre y neutral a Internet. 


Los bienes comunes se crean y se construyen. 
Un sinnúmero de personas crea algo nuevo para todos y da forma a lugares evocadores para ellas mismas. Invierten energía en huertos interculturales, realizan una agricultura sustentable y ecológica o diseñan proyectos de vivienda y trabajo intergeneracionales. Producen software libre y conocimiento libre, generan películas, música e imágenes libres. De esta manera surge un tesoro de cultura libre disponible para todos. Se cuida y se amplía con la ayuda de muchos, y se vuelve indispensable como la Wikipedia. Científicos y activistas, ciudadanas y políticos desarrollan nuevas ideas que favorecen un ámbito sólido para los bienes comunes, dondequiera que sea. 

Los bienes comunes se cuidan y cultivan. 
Las personas mantienen grupos vecinales en su barrio, atienden lugares de recreo, crean asociaciones ciudadanas, transmiten y amplían culturas, cuentos y memorias. Se comprometen con el bien común y exhortan a que el Estado cumpla con sus obligaciones. Para ello reciben algo a cambio, porque vivir en una cultura de bienes comunes significa dar y recibir; lo que origina derechos y obligaciones a la vez. El compromiso por nuestra riqueza común descansa sobre la comprensión que la forma actual del quehacer económico amenaza nuestros medios de subsistencia

Los bienes comunes inspiran y unen. 
Considerarlos requiere un enfoque fundamentalmente diferente en cuanto a la comprensión y el actuar. En efecto, los bienes comunes se basan en comunidades que se preocupan, que establecen sus propias reglas, que desarrollan sus habilidades y valores. En estos procesos  nuevos y a veces conflictivos se da la integración y se amplía la dimensión de la convergencia. En una cultura de bienes comunes la inclusión es más importante que la exclusión; la cooperación más importante que la competencia; la autonomía más importante que el control. Del rechazo a la monopolización de la información, de la riqueza y del poder derivan la diversidad que se recrea continuamente. La naturaleza no aparece como una propiedad universalmente disponible sino como medio de subsistencia compartido. 

Hasta aquí la transcripción parcial del “Manifiesto Fortalecer los Bienes Comunes”, Fundación Heinrich Boll, 2008-2009 



2. Refutación a la “Tragedia de los Comunes” de Hardin

La teoría de la Tragedia de los Comunes fue articulada por primera vez en 1968 por el profesor de la Universidad de California, Garret Hardin. La definición más comúnmente aceptada de la Tragedia de los Comunes es: “Una situación en la cual varios individuos, motivados solo por el interés personal y actuando independiente pero racionalmente, terminan por destruir un recurso compartido limitado (el común) aunque a ninguno de ellos, ya sea como individuos o en conjunto, les convenga que tal destrucción suceda.”

El ejemplo que utiliza Hardin es precisamente el de las tierras de pastoreo común. Hardin predijo que si el pasto era tierra comunal, entonces los pastores individuales inevitablemente intentarían aprovechar esa tierra mediante el aumento de su manada individual sin tener en cuenta los efectos nocivos del exceso de pastoreo en las tierras compartidas o en sus pastores compañeros. Debido a que cada pastor individual intentaría lo mismo, se deduce que, finalmente, el bien común sería devastado a causa del sobre-pastoreo y se convertirá en tierra baldía. 

El argumento de Hardin proporcionó una justificación académica para la ética capitalista que indica que el egoísmo individual es necesario para incrementar el bien común, además de ofrecer una solución para evitar la supuesta tragedia de los comunes. La privatización de lo común ha sido la solución más elogiada en las últimas décadas. Hardin basa su teoría en un supuesto de la naturaleza humana, a la cual la da como sentada y probada. El éxito del argumento de Hardin refleja su utilidad como una explicación pseudo-científica de la pobreza y la desigualdad. Una explicación que no cuestiona el orden social y político dominante. 

Hardin presupone falsamente la universalidad de una mentalidad antropocéntrica, racional y consumista de quienes actúan, incurriendo en la falacia de generalización apresurada, o muestra sesgada o “según quien”, la cual es una falacia que se comete al inferir una conclusión general a partir de una prueba insuficiente. Hardin generaliza a partir de los que ven al mundo natural como nada más que un banco de recursos para ser extraídos y explotados para el avance y desarrollo de la porción de la especie humana que se beneficia de esa forma de pensar. La ética capitalista de la máxima ganancia a corto plazo, junto con la privatización de los bienes comunes, es la receta para el desastre en el plano ecológico.

En el artículo “Arraigando Nuestra Cultura: Una Solucióna la Tragedia de los Comunes”  Tobias Robert cita un solo ejemplo que desbarata la teoría de Hardin. En el Altiplano de la región Ixil de Guatemala existen algunas de las praderas más ecológicamente prístinas que se pueden encontrar en la tierra. Estas praderas, lejos de ser una naturaleza virgen, son más bien los pastos comunales que los mayas ixiles han cuidado y administrado colectivamente por más de 2.000 años. La ironía es que, según una de las teorías sociales más influyentes hoy en día, estas prístinas tierras comunales deberían haber sido ecológicamente devastadas años atrás. El pueblo maya ixil, como la mayoría de los pueblos indígenas, tienen una historia que los pone de acuerdo con el mundo; una historia muy diferente de la que rige la sociedad globalizada y consumista en que vivimos. 

En el caso de la Maya Ixil, tres características de su historia son especialmente importantes para la conservación de su tierra de pastoreo común y su estilo de vida comunitaria: una organización comunitaria autónoma que rige la vida comunitaria, arraigo e identificación con un territorio y un lugar específico, y un estilo de vida definido por las limitaciones justas y necesarias. El estilo de vida sencillo y digno de los campesinos ixiles crea limitaciones que les permitan vivir de manera sostenible en los ecosistemas de las tierras ancestrales. Las limitaciones, sin embargo, son la antítesis de lo que exhorta a la sociedad moderna de consumo. 

La Tragedia de los Comunes de Hardin, en conclusión, solo se puede verificar si la mentalidad capitalista, egoísta, consumista y aceptante de esquemas de Poder de dominación (asimétricos) es considerada como válida, universal e inevitable

Pero esto implicaría desconocer que fuera de ese paradigma destructivo dominante la humanidad evolucionó durante decenas de miles de años como especie practicando las ideas contrarias: sostenimiento de los bienes comunes mediante vida en comunidad y en armonía con la naturaleza, en un esquema de Poder colaborativo


3. Atentados contra los Bienes Comunes

Para Bollier (2016) hablar del cercamiento es entablar una conversación sobre algo que la economía convencional rara vez aborda: el expolio que han sufrido los comuneros que durante siglos y aun hoy cuando las fuerzas del mercado se apoderan de los recursos comunes, a menudo con la connivencia explícita del gobierno. 

El ataque a los Bienes Comunes puede venir tanto del sector privado como del Estado. Bollier (2016) explica que el conocido enfrentamiento «privatización vs propiedad del gobierno» realmente no hace justicia a este proceso porque la propiedad gubernamental, el supuesto antídoto contra la privatización, no es en sí una verdadera solución. En muchas ocasiones, el Estado está encantado de conspirar con las industrias por hacerse con el control de los recursos comunes para su posterior explotación «privada», es decir, corporativa. Con demasiada frecuencia la regulación es una farsa que hace más por legalizar los abusos de los mercados que por erradicarlos. 

A pesar del creciente interés que están despertando los bienes comunes como solución, la economía de mercado atropella en dirección contraria. Existen numerosos casos de privatización de los recursos naturales, de la cultura e incluso de la capacidad de generar vida. Los cercamientos también debilitan las tradiciones e identidades vinculadas a un paisaje preciado, un edificio histórico o una labor cultural. 

Recursos que pertenecen a todos o a comunidades específicas están siendo transformados en bienes en manos de corporaciones y en vertederos libres. La tierra, el agua, el tejido humano, los espacios públicos, la atmósfera, todos son materias primas a los ojos de los mercados capitalistas. Tras la monetización de estos recursos, cualquier residuo restante del proceso productivo que sea es vertido de nuevo a los comunes. 

Algunos ejemplos de áreas de cercamiento y privatización de los Bienes Comunes son los siguientes: 

Liquidación masiva y global de tierras

Apropiadores locales y los gobiernos provinciales y/o nacionales no cesan de vender / ceder / concesionar millones de hectáreas de tierras de países del Sur global para proyectos productivos que “traerán el progreso”. Tierras que las comunidades tradicionales han habitado y utilizado en común durante generaciones, y de las que fueron expoliadas y aún lo continúan haciendo. La lucha desigual entre multinacionales y poblaciones indígenas revisten de conflictos amplias zonas de los mapas. Si bien todo territorio pertenece a un Estado, éstos no respetan a quienes los habitan o a quienes detentan derechos anteriores a la formación y existencia de esos Estados. A su paso, esta expansión del capital trasnacional ha generado una serie de conflictos socio ambientales derivados de los acaparamientos de tierras: desalojos, cercamientos de accesos públicos, desmontes, contaminaciones, etc, aún, para determinados países, en períodos de gobiernos tildados de "progresistas".




La privatización del agua

Respecto del Agua dice Bollier: “El agua es otro recurso en el punto de mira de los cercamientos por parte de muchas corporaciones multinacionales. La mayoría de las personas dan por hecho que el agua potable es un servicio público prestado por los gobiernos o, al menos, gestionado por las comunidades, pero muchas empresas multinacionales la consideran una mercancía valiosa que puede originar grandes beneficios… La feroz apropiación internacional de tierras en marcha hoy en día es a menudo sinónimo de la «usurpación del agua».” Bollier (2016, p.52) 

La desvergüenza del poder económico puede llevar a declaraciones de gigantes embotelladores de agua como las del CEO de Nestlé acerca de que las grandes empresas deberían disponer de toda el agua del planeta y las personas pagar para poder acceder a ella. La empresa Nestlé lanzó luego una desmentida que más que aclarar oscurece. 


El caso de la lluvia

La privatización del abastecimiento del agua en Cochabamba, Bolivia, llevó a las protestas en el año 2000 que se conocieron como la Guerra del Agua: “Tras la aprobación de la Ley 2029 en Bolivia se verificó el contrato con Aguas del Tunari. Para muchos, la ley parecía conceder a Aguas del Tunari el monopolio sobre todos los recursos hídricos. Muchos temieron que esto incluyera el agua usada por los campesinos para el riego, así como los recursos de la comunidad, que habían sido independientes antes de la regulación. La ley consideraba “permitir la venta de los recursos de agua” que nunca habían sido realmente parte de SEMAPA (Servicio Municipal de Agua Potable y Alcantarillado). Esto hizo pensar que los sistemas comunales independientes del agua, que todavía no estaban conectados con SEMAPA, serían expropiados por la nueva concesión. Aguas de Tunari no solo podría haber instalado las conexiones necesarias para conectarse a los sistemas comunales independientes, sino que también habría podido cobrar a los residentes por la instalación de estas conexiones. La ley indicaba además que la población requeriría una licencia para recoger el agua de lluvia”. Estos episodios dieron lugar posteriormente a  la película "También la lluvia" (2010) que retrata los acontecimientos de Cochabamba.



El caso del sol

En España recientemente, debido a la subida de la tarifa de la luz y la bajada del coste de la fotovoltaica, el Gobierno decidió reformar el sector eléctrico de tres formas:” una tasa retroactiva del 7% en 2013, una rebaja de 50% de su remuneración y un “peaje de respaldo” sobre el autoconsumo un 27% superior al peaje aplicable a la compra desde la red”. Este peaje de respaldo significa que el productor/consumidor tiene que pagar por la energía que genera él o ella misma. 


El caso de las semillas

La privatización de la vida (o biopiratería como la llama la activista Vandana Shiva), tiene su máximo exponente en las patentes de las semillas. Las plantas se reproducen, es el ciclo de la vida, y de esta reproducción depende nuestra alimentación. 

La ONG “La Vía Campesina” explica el mecanismo: “Comunidades enteras, indígenas y no indígenas, han dedicado siglos a la mejora de las semillas, mediante la conservación, la selección y el intercambio de las mismas. Sin embargo, la reproducción natural de la vida se está viendo amenazada por las grandes empresas de la agroindustria. Por ejemplo, existen dos tipos principales de sistemas de «propiedad intelectual» para las semillas: las Patentes y la Protección de las obtenciones vegetales… Las Patentes de plantas suponen unos derechos muy estrictos: nadie puede producir, reproducir, intercambiar, vender ni incluso utilizar la planta patentada con fines de investigación sin la autorización del o de la propietaria. Actualmente, las patentes son la norma general de los OGM. La Protección de las Obtenciones Vegetales supone un tipo de patente desarrollada en Europa específicamente para las/os cultivadoras/es de plantas. Cuenta con criterios ligeramente distintos y ofrece un poder menos extremo… La privatización de las semillas pretende justificarse a través de una serie de mitos y falsedades que se repiten una y otra vez: que se necesitan nuevas semillas para mejorar la producción, que las empresas no producirán semillas si no hay leyes que privaticen, etc. Esto hace que sea importante enfatizar que las leyes de semillas no garantizan la calidad sino que, por el contrario, ofrecen a las empresas mayores oportunidades para vender semillas basura y mantener otros mecanismos de control.” La Vía Campesina. 2015


Cercamientos de espacios públicos y de infraestructuras urbanas 

Se coincide con Bollier (2016) al señalar que cuando los centros comerciales reemplazan plazas públicas y las marcas corporativas se hacen con el control de parques y paseos, se pierde la capacidad de socializar, de hablar en público y se vuelve cada vez más difícil que la gente se identifique y empatice con el prójimo. Sin esos espacios el habitante de la ciudad se ve obligado a interpretar el papel que dictan los mercados y el Estado: el de consumidores materialistas y ciudadanos dóciles. Los espacios públicos físicos son importantes a la hora de ejercer la democracia. 

Sobre al surgimiento del Derecho a la Ciudad: “Frente a la explosión poblacional, los modelos de urbanización vigentes han estado marcados por el crecimiento no planificado, la privatización de los bienes públicos y la falta de regulación de instituciones, lo que los ha vuelto cada vez menos sostenibles, desde lo ambiental, social y económico. En este sentido, los patrones perseguidos han intensificado las consecuencias negativas del cambio climático y han avanzado en una degradación ambiental insoslayable. Han sido estos patrones, paralelamente, grandes generadores de inequidad, exclusión y privación, no sólo económica sino también espacial. Han establecido ciudades segmentadas, caracterizadas en su mayoría por la proliferación tanto de barrios cerrados como de asentamientos informales, y con amplias dificultades para avanzar en la integración social, especialmente de migrantes y refugiados. Han avanzado en la mercantilización de cada vez más aspectos de la vida, en la concentración de la tierra y la propiedad, y en la profundización de la naturaleza exclusivista del desarrollo urbano. Y han fracasado en términos económicos, en hacer frente al desempleo, la precarización laboral, el trabajo informal y el acceso igualitario a los servicios públicos, especialmente entre los sectores populares… En la búsqueda de alternativas a las políticas urbanas vigentes, responsables de la crisis social, económica y ambiental actual, y con la intención de establecer un nuevo modelo de urbanización asentado en principios alternativos, se inició una construcción mancomunada y colectiva, que tuvo como resultado un nuevo paradigma urbano, en permanente discusión: el Derecho a la Ciudad.” Jonatan Baldiviezo, ¿Qué es el derecho a la ciudad?, 2018 


Cercamientos del conocimiento y la cultura

 Para los estudios cinematográficos, los sellos discográficos y las editoriales, en opinión de Bollier (2016) la cultura es simplemente un producto y las labores creativas, una propiedad privada. Se trata de una inversión particularmente arriesgada de la historia de la cultura humana. Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos han compartido libremente su creatividad los unos con los otros. La cultura siempre se ha basado en imitar, difundir y transformar obras creativas anteriores y el arte siempre ha consistido en un préstamo común intergeneracional. La equiparación malintencionada de la cultura con la propiedad privada ha sido tremendamente efectiva (aunque errónea) porque ha permitido a la industria tratar cualquier uso no autorizado de obras creativas como si fuera un delito de robo. Los impulsos humanos naturales de imitar y compartir, es decir, la esencia propia de nuestra cultura, han sido criminalizados. 


4. La gobernanza de los Bienes Comunes

Elinor Ostrom fue ganadora del premio nobel de economía en el año 2009 por su “análisis de la gobernanza económica, especialmente de los recursos compartidos”, cuya obra más representativa es “El Gobierno de los Bienes Comunes.La evolución de las instituciones de acción colectiva” (2000). En relación con los principios de gobernanza de los Comunes, Ostrom afirma que las zonas comunes no carecen de normas, sino que existen unas normas tácitas consensuadas

Estudiando distintos ejemplos, de Filipinas a España, Ostrom identificó las siguientes ocho características en la gobernanza de los recursos comunes:

i. Límites claramente definidos. Los individuos y hogares con derechos a retirar unidades de recursos del Recurso Comunitario, con límites claramente definidos. 

 ii. Coherencia entre las reglas de apropiación y provisión con las condiciones locales. Las reglas de uso que restringen el tiempo, lugar, tecnología y/o cantidad de unidades del recurso, están relacionadas con las condiciones locales y con las reglas que normatizan la provisión de trabajo, materiales y/o dinero requeridos para mantener el recurso y la organización. 

 iii. Arreglos de elección colectiva. La mayoría de los individuos que se ven afectados por las reglas operacionales pueden participar en la modificación de éstas. 

iv. Supervisión. Los supervisores, quieres auditan activamente las condiciones de los Recursos Comunitarios y el comportamiento de los usuarios son responsables ante los usuarios y/o son los usuarios mismos. 

v. Sanciones graduadas. Es probable que los usuarios que violan reglas operacionales reciban sanciones graduales de parte de los otros usuarios, de funcionarios responsables ante los usuarios, o de ambos. 

vi. Mecanismos para la resolución de conflictos. Los usuarios y sus funcionarios tienen un acceso rápido a mecanismos locales de bajo costo con el fin de dar solución a conflictos entre los usuarios o entre los usuarios y los funcionarios. 

vii. Reconocimiento mínimo de derechos de organización. Los derechos de los usuarios a diseñar sus propias instituciones no son disputados por autoridades gubernamentales externas. 

viii. Entidades anidadas. La apropiación, provisión, supervisión, ejecución de las reglas, solución de conflictos y actividades de dirección están organizadas en múltiples estratos de emprendimientos complementarios.


5. Retomar el control sobre los Bienes Comunes

Al observar las reglas de gobernanza enunciadas por Elinor Ostrom resulta evidente que se está hablando de otra forma de democracia distinta a la tradicional democracia representativa que aliena al representado de lo que lleva a cabo el representante. 

El mejor camino posible para para retomar el control sobre los Comunes debería derivarse del entendimiento de que el nivel de discusión sobre los mismos debe situarse a nivel comunidad, ya sea barrio, pueblo, ciudad, por medio de mecanismos democráticos que aseguren una participación real y un posterior control sobre lo decidido por parte de las personas comunes de dichas comunidades. 

El lugar donde se han visto muchas de las revoluciones libertarias ha sido en las comunas, en los ayuntamientos, en las asambleas (EEUU 1776, países sudamericanos a principios del siglo 19, Francia 1848 y 1871, los soviets en Rusia, ciudades en España en la década de 1930), y no en las fábricas. 

En la década del 60 del siglo pasado surgió una nueva forma de entender la relación entre sociedad y naturaleza, que propuso una teoría y una praxis para llevarla a cabo: la Ecología Social. Si bien la importancia que le da a los Bienes Comunes está fuertemente implícita en esta teoría, cierto es que no hace alusión explícita al manejo y creación de los mismos. La Ecología Social y su herramienta propuesta conocida como el Municipalismo libertario o Comunalismo pueden, y deberían, ser consideradas como los más idóneos ámbitos para llevar adelante los principios de gobernanza de los Bienes Comunes definidos por Elinor Ostrom, como se ha visto más arriba.


6. Ecología Social

Los partidarios de la Ecología Social afirman que existe una relación holística entre los seres naturales, incluidos los seres humanos, que lleva a afirmar que el orden natural no necesita autoridades ni mando centralizado, sino que es descentralizado y en red. Eso significa que la Naturaleza se autorregula y de igual forma pueden organizarse los humanos, quienes producen los problemas ambientales sólo cuando introducen procesos autoritarios en sus sociedades

La Ecología Social localiza los orígenes de la crisis ecológica específicamente en las relaciones de dominación entre las personas. La dominación sobre la naturaleza es vista como un producto de la dominación dentro de la sociedad

La Ecología Social está relacionada con las ideas y los trabajos de Murray Bookchin. Selva Varengo (2018) hace una reseña sobre la obra de Bookchin. Explica Varengo que el interés de Bookchin por las temáticas ecológicas se desarrolla a partir de la percepción del riesgo de una catástrofe ecológica inminente, capaz de llevar potencialmente el peligro no solamente a la vida de los seres humanos sino también la existencia del mismo planeta. Pero no se limita a esta declaración, él intenta comprender los verdaderos orígenes históricos y filosóficos de la crisis ecológica para proponer una posible solución. La originalidad de su pensamiento consiste sobre todo en haber afirmado que el problema ecológico es en realidad un problema social, que tiene que ser enfrentado precisamente a partir de esa base. Y también en haber identificado la causa de la crisis ecológica en la ruptura del equilibrio entre los seres humanos y la naturaleza, provocada por el surgimiento de la lógica del dominio. La explotación ambiental tiene su origen en las jerarquías sociales que emergieron por primera vez con el desarrollo de la familia patriarcal, alcanzando su máxima expresión en la sociedad capitalista. Por este motivo la recuperación del equilibrio entre los seres humanos y la naturaleza necesaria para la supervivencia del género humano, forzosamente, tiene que atravesar por un cambio en las relaciones sociales, que llevan a la eliminación de las relaciones de jerarquía y de la dominación. 

En dicho artículo Varengo explica que fue Bookchin quien estableció la importante distinción semántica entre ambientalismo y ecología social, dos términos frecuentemente considerados sinónimos, pero que en realidad son portadores de dos opuestas visiones de la naturaleza. 

Mientras que el ambientalismo tiene una concepción mecánica e instrumental de la naturaleza concebida como un hábitat pasivo, que lo lleva a la adopción de una política reformista de la reducción del daño, la ecología social alienta la abolición del concepto de dominación humana sobre la naturaleza por medio de una política radical de transformación social que conduzca a la eliminación de las relaciones jerárquicas entre los seres humanos. 

En el artículo mencionado de Varengo se enuncia que para entender cuándo y cómo se desarrollaron los conceptos de la jerarquía y la dominación, paso fundamental para su eliminación, Bookchin se remonta a la historia de la sociedad humana partiendo del análisis de las primeras sociedades caracterizadas por la ausencia de las relaciones jerárquicas y por una relación armoniosa entre el mundo humano y el natural, definido por él como la sociedad orgánica, hasta llegar al surgimiento de la sociedad jerárquica.
El surgimiento de la sociedad humana no es visto por Bookchin como un momento de fractura sino, al contrario, se encuentra por completo inserto dentro del proceso evolutivo natural. Por lo tanto para la resolución de la crisis ecológica es importante recomponer el dualismo, la humanidad y la naturaleza, sin caer en el error de anular la una o la otra. Para hacer esto Bookchin elabora el concepto de naturalismo dialéctico, de base filosófica de la ecología social, el cual introduce el desarrollo humano dentro del proceso evolutivo natural a través de los conceptos de primera y segunda naturaleza Entonces Bookchin sostiene que necesariamente hay que “rehacer la sociedad” a través de la construcción de una sociedad ecológica y racional, basada en los principios de las sociedades orgánicas. 

Finalmente, la transformación social no pasa para Bookchin a través de una política reformista de tipo parlamentario, sino que necesita la creación de una nueva sociedad, caracterizada por la ausencia de relaciones jerárquicas de cualquier tipo y posibilitada por el surgimiento de una nueva sensibilidad, de una nueva racionalidad y de una nueva ética que se introducen en una prospectiva, definida por Bookchin como el humanismo ecológico.


7. Comunalismo o Municipalismo Libertario o Confederalismo democrático

La aplicación política de la Ecología Social se constituye en el Comunalismo o Municipalismo Libertario o o Confederalismo democrático, el cual alienta el desarrollo de  municipios libres o comunas de dimensiones limitadas, descentralizadas y caracterizadas por la democracia directa. Todo lo que la Ecología Social propone implica el nacer de una nueva política de base en la cual hay una clara distinción entre el poder de decisión y su ejecución administrativa. 

El poder de decisión tiene que ser de competencia exclusiva de asambleas populares, mientras que la ejecución administrativa puede ser confiada a un cuerpo administrativo delegado elegido con mandato revocable. Por eso la sociedad ecológica debe caracterizarse por la práctica de la democracia directa, basada en asambleas populares con poder de decisión completo. El Comunalismo no representa simplemente una táctica política, sino que constituye para Bookchin la forma que la sociedad debe efectivamente asumir para que sea ecológica y racional. Más allá del municipalismo, un rol importante es cubierto por el principio del confederalismo, que posibilita la constitución de un poder realmente alternativo al estatal y con el cual esté fuertemente en contraste. Para Bookchin la nueva sociedad no puede prescindir tampoco de un radical cambio económico, que sustituya la actual economía de mercado por una economía municipalizada y moral, caracterizada por principios de reciprocidad y de independencia, o sea basada en la máxima “de cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades”. 

Los ecologistas sociales han desarrollado un enfoque interno y uno externo para implementar el Comunalismo. Existe la estrategia interna de participar en la política electoral en el municipio mediante la ejecución de un candidato municipal. La estrategia externa se centra en la creación de asambleas populares extra-legales. Las asambleas formarían un gobierno alternativo, donde los ciudadanos miran los mismos temas, mostrando lo que la gente quiere en oposición. Esto sirve para ilustrar la expresión anémica de la democracia en nuestro sistema actual. Tanto los componentes internos como externos tienen el mismo objetivo: crear una sociedad directamente democrática y auto gestionada basada en una red concéntrica de asambleas populares directamente democráticas. 

El Comunalismo busca construir instituciones de poder dual arraigadas en la democracia directa. En lugar de tratar de apoderarse o aplastar al Estado, cultivar las capacidades de autogobierno de la sociedad a través de asambleas cara a cara. En lugar de retirarse del Estado y el poder, como lo es la plataforma de muchos movimientos anarquistas, el Municipalismo Libertario busca construir la capacidad institucional para reutilizar el poder en una fuerza libertaria organizada


7.1. Casos recientes en la historia del Comunalismo o Municipalismo libertario o Confederalismo 

1) Confederalismo democrático en Rojava

El proyecto educativo comunalista de Bookchin se puede ver en la revolución de Rojava, la zona autónoma en Siria del Norte (anteriormente Kurdistán Occidental). , donde el Confederalismodemocrático (un sistema político que sintetiza el municipalismo libertario, el feminismo militante y los valores secularistas pluralistas) es el sistema guía desde 2005 y ha sido un rayo de esperanza en la oscuridad civil de Siria. Rojava ha escalado con éxito la democracia directa entre una población que se ha duplicado a 4,6 millones, la mitad de los cuales son refugiados o personas internamente desplazadas. Lo han hecho en circunstancias extremadamente duras (el asedio de ISIS, por ejemplo), y en medio de una cultura profundamente patriarcal.



2) Municipios autónomos rebeldes zapatistas

No hay constancia de que los zapatistas hayan leído los trabajos de Bookchin y demás ecólogos sociales para proyectar su organización de municipios autónomos rebeldes zapatistas (MAREZ) luego de concretada la rebeldía armada, pero pueden tomarse como un claro ejemplo de organización de comunas libertarias. 


Petar Stanchev en su artículo “De Chiapas a Rojava: más que simples coincidencias “(2015) explica que el movimiento zapatista es probablemente uno de los elementos más simbólicos e influyentes del imaginario revolucionario en el mundo después de la caída de los regímenes socialistas estatistas a finales de los 80 y principios de los 90. La mañana del 1 de enero de 1994 una fuerza guerrillera desconocida, compuesta por mayas indígenas, tomó las principales poblaciones del Estado mexicano más meridional, Chiapas. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) fue expulsado de las ciudades después de doce días de luchas intensas con el ejército federal, pero resultó que la profunda organización horizontal en las comunidades indígenas no pudo ser eliminada por ninguna intervención militar o por el terror. El portavoz enmascarado del ejército rebelde, el Subcomandante Marcos, cuestionó la noción de vanguardia histórica como opuesta a una revolución desde abajo, la cual no aspira a tomar el poder sino a abolirlo, y este concepto se volvió central para la mayoría de movimientos anticapitalistas masivos, desde Seattle a Génova, hasta las ocupaciones de plaza Syntagma en Atenas y de Puerta del Sol (15M) en Madrid, incluido el movimiento Occupy. 

Stanchev traza paralelismos entre ambas experiencias libertarias: 

    Del marxismo-leninismo a la autonomía: una trayectoria histórica compartida 

Aunque los zapatistas son famosos por su gobierno autónomo y el rechazo de la noción de vanguardia histórica, las raíces de su organización también se vinculaban al marxismo-leninismo y, igual que en el caso del PKK, la idea de autogobierno y revolución desde abajo fue un producto de una larga evolución histórica.

    Cantones y Caracoles: la libertad aquí y ahora

Los Caracoles incluyen tres niveles de gobierno autónomo: comunidad, municipio y Consejos del Buen Gobierno. Los primeros dos se basan en asambleas de base mientras que los Consejos del Buen Gobierno se escogen, pero con la intención de conseguir que el máximo número de personas participe en el gobierno a lo largo de los años a través del principio de rotación. La autonomía zapatista tiene su propio sistema educativo, sanidad y justicia, así como cooperativas produciendo café, ganadería, artesanía, etc. Efectivamente, los cantones de Rojava se parecen a la autonomía de Chiapas. Fueron proclamados en 2013 y funcionan a través de asambleas populares y consejos democráticos. 

    Revolución de las mujeres 

El género ha sido siempre central para la revolución zapatista. No es difícil comparar la implicación masiva de mujeres indígenas en los rangos zapatistas en Chiapas con la participación de las mujeres en la defensa de Kobane. 

    La ecología de la libertad

Un enfoque holístico como el de la Ecología Social también ha sido implementado por los zapatistas. 

    El camino hacia la autonomía: el nuevo paradigma revolucionario

El hecho de que los únicos experimentos recientes de cambio social radical importantes y con éxito hayan sido originados por grupos no occidentales, marginados y colonizados es una bofetada en la cara de los «revolucionarios» dogmático. Las revoluciones en Rojava y Chiapas son un ejemplo poderoso para el mundo, poniendo de manifiesto la enorme capacidad de organización de base y la importancia de los lazos comunales. 


Raúl Ornelas, en “La autonomía como eje de la resistencia zapatista. Del levantamiento armado al nacimiento de los Caracoles” (2004) afirma con respecto a otro rasgo que también comparten ambas experiencias mencionadas: 

             “En suma, los zapatistas de Chiapas muestran que las estrategias de una lucha no nacen de una teoría, de un programa, del balance de las experiencias históricas, o no sólo, sino que se construyen en la experiencia colectiva de la resistencia: “Nosotros de por sí tenemos el modo de que primero hacemos la práctica y después la teoría… Nosotros de por sí tenemos una idea y la llevamos a la práctica. Pensamos que son ideas buenas pero ya en la práctica vemos si tienen problema, o cómo vamos a ir resolviendo los problemas (Mayor Insurgente de Infantería Moisés, en Muñoz, 2003)”. Ornelas (2004, p.88)



Bibliografía

Libros 

Bollier, David. Pensar desde los Comunes – Una breve introducción. Ed. Traficantes de sueños y otros. Madrid. 2016 

Bookchin Murray. La Ecología de la libertad. Madrid. 1999 

Federici, Silvia. Calibán y la Bruja. Ed. Traficantes de sueños. Madrid. 2010 


Weber, Andreas (libro) The Wealth of the Commons A world beyond market & state 


Artículos

Fundación Heinrich Boll. “Manifiesto Fortalecer los Bienes Comunes”. 2008-2009. 


La Vía Campesina. Seed laws that criminalise farmers: resistance and fightback (Leyes que criminalizan a campesinos: Resistencia y lucha). 2015. 

Baldiviezo, Jonatan Emanuel ¿Qué es el Derecho a la Ciudad? 28/05/2018 


Bookchin, Murray. Seis tesis sobre municipalismo libertario. Lahaine 2019 

Murray Bookchin, padre de la ecología social (Obituario). Periódico Diagonal. 2006 

Emily Mc Guire.  Panfleto Ecologia Social.  2019.