Una interseccionalidad obligatoria entre las visiones sobre Economías Alternativas para que exista real cambio económico
En 1845, el en ese entonces joven Marx escribió en la TesisNº 11 sobre Feuerbach:
“Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.
Marx hace repensar, de esta manera, la relación entre pensamiento y acción (praxis).
Si las ideas y su praxis consiguiente no sirven para cambiar al mundo humano entonces, no importa las intenciones, sirven para lo contrario, o sea reproducir lo existente.
Casi todas las bibliotecas, entre ellas las bibliografías de todos los planes de estudio de todas las universidades del mundo, y aun las de los que dicen seguir teóricamente a Marx, no sirven (por no saber o no querer o no poder) para cambiar el mundo humano tal como se lo conoce hoy, con su rumbo de injusticia, daño y estupidez creciente. Por lo tanto, si no sirven para cambiarlo, sirven para consolidar los Males de la Humanidad, aunque crean que lo están cambiando. Hay que salir de allí urgentemente.
A continuación se presenta una matriz con el objetivo de mostrar una interseccionalidad esencial entre diversos cuerpos teóricos estudiados en la Parte II.
La idea es que, sea cual sea la propuesta económica alternativa que se intente ensayar, se pueda saber desde el vamos si dicha praxis propuesta va a ser una praxis de cambio real, o si por el contrario, será más de lo mismo, o en el mejor de los casos, apenas una mitigación de los Males de la Humanidad.
En dicha matriz, el eje horizontal se coloca a los cuerpos de conocimiento en los que, por distintos motivos, prevalece la acción o praxis sobre la teoría:
- La Economía Social, que lleva acción de larga data pero generalmente confusa y entremezclada con prácticas y objetivos capitalistas.
- La Economía Popular, o la parte de baja calidad de la economía capitalista, y su ejército de gente que se moviliza para buscar su sustento como sea.
- La Economía Feminista, allí donde las mujeres se han rebelado frente a la explotación de sus cuerpos, de sus vidas, y del no reconocimiento de su trabajo en la oculta reproducción social capitalista.
- La Economía de los Bienes Comunes, allí donde la gente se defiende de los múltiples ataques contra lo común, contra la agresión a sus hábitats y al continuo cercamiento del conocimiento social llevadas a cabo por la praxis devoradora capitalista.
- La Agroecología, con sus movilizaciones y sus prácticas en contra de una industria capitalista alimenticia en base a explotación animal, contaminación de atmósfera y aguas, degradación del suelo, envenenamiento en base a químicos y migración social hacia los conglomerados urbanos.
Todos los cuerpos del eje horizontal han surgido en respuesta a diversos tipo de Males de la Humanidad como efecto a la praxis de la economía capitalista, sufridos en carne o territorio propios, y en todos ellos la acción se halla presente desde hace tiempo. Estos cuerpos se mueven alrededor de diversas ideas comunes, diversas geografías, y de problemáticas que las afectan simultáneamente.
En cada evento de la actualidad importante en materia de resistencia y protesta se ven reflejados manifestantes y activistas con estas procedencias, provenientes de los lugares en donde el conflicto político o socio ambiental se manifiesta concretamente y se sienten sus efectos en carne propia, confluyendo unidos en Movimientos Sociales, Movimientos Ecofeministas y Movimientos por la Soberanía Alimentaria. Hoy ello/as representan la acción, principalmente.
Se nutren todas esas corrientes además de otros cuerpos teóricos y desarrollos de activismo más de tipo teórico o académico, colocados en el eje vertical, en los cuales la teoría o el activismo intelectual predominan sobre la acción directa propiamente dicha, no por esto resultando menos importantes.
Algunas de sus principales banderas y consignas, en base a lo analizado en la segunda parte del libro, deben sí o sí ser tenidas en cuenta si lo que se pretende es un cambio radical, o por el contrario, apenas una mitigación de los Males actuales, o, muy lamentablemente, más de lo mismo que conlleve a una consolidación del status quo.
En consecuencia, si lo que se quiere es cambio económico y social de manera radical, toda acción que se proyecte deberá encuadrarse indefectiblemente en toda la intersección que marca esta matriz, sin excepciones.
Acción de corto plazo y visión de largo plazo
Como bien ha afirmado Rudolf Rocker en su escrito “The London Years” (1956), él se consideraba un anarquista no porque considerara que había una meta final llamada anarquismo sino porque no hay tal cosa como una meta final. Hay un camino que emprender.
El socialismo anarquista o socialismo autogestionario presenta tres corrientes de organización económica:
- El mutualismo, de base proudhoniana, que propone una sociedad futura sin Estado donde la propiedad de los medios de producción pueda ser individual o colectiva, y que el intercambio de bienes y servicios represente montos equivalentes de trabajo. A partir de este esquema se construiría la sociedad mutualista que funcionaría asociando de forma libre a los productores en federaciones de industria que organicen la cooperación.
- El colectivismo, de base bakuniana, en el cual la propiedad de los medios de producción, distribución y cambio debe ser social y administrada colectivamente por los propios trabajadores reunidos en pequeñas asociaciones por afinidad mientras que cada uno de ellos produce según lo acordado y cada uno debe recibir el producto íntegro de su trabajo según su mérito individual. Estas asociaciones a su vez estarían confederadas a través del principio federativo, sin Estado.
- El comunismo, de base kropotkiniana, promueve la asociación voluntaria sin Estado, e igualitaria a través de la propiedad comunitaria o comunalización de los bienes y servicios que serían distribuidos a cada persona por medio de una economía gestionada por la comunidad, es decir, el comunismo entendido como comunidad de bienes.
Los denominadores comunes de mínima de las tres corrientes son la erradicación del trabajo asalariado y la abolición dela empresa capitalista y del Estado.
Carlos Malato, citado por D´Auria en “El anarquismo frente al Derecho” (2007), complementa las diversas propuestas anarquistas: la propiedad individual para los objetos de uso personal, la propiedad colectiva para las máquinas y herramientas de producción y el comunismo para los bienes naturales y las creaciones del pensamiento humano.
El mutualismo, el colectivismo y el comunismo no se excluyen, sino que pueden conjugarse prácticamente para la conformación de una sociedad igualitaria y libre.
Una maratón se inicia con unos primeros pasos.
Hay que dejar de pensar que, de acuerdo al ciclo vital y esperanza de vida, como muchas personas no lograrán ver una verdadera revolución en su ciclo de vida, entonces es preferible no hacer ninguna acción firme en ese sentido en el presente.
Hay que proceder con visión de largo plazo (aunque los que están ahora jamás vean ese largo plazo) pero con acciones concretas en ese sentido acá y ahora, para beneficio de generaciones venideras que si podrán vivir en ese largo plazo.
Lo que plantea el presente trabajo es, en consecuencia, cómo dar esos primeros pasos, firmes y sin errores, hacia una futura organización de la vida económica y social.
Una futura organización a través de libres asociaciones y federaciones de productores y consumidores, tratando de sacudirse de encima las principales coacciones que la economía capitalista aplica sobre las personas comunes.
En estos primeros pasos, la primera imagen, la primera idea de un sistema económico y social que aparece, en base al diagnóstico y los pasos y tareas recomendadas para liberación de la atadura al trabajo asalariado y al Estado, es algo parecido a lo descripto como un mutualismo, un cooperativismo autogestionado.
Para ir acabando con el capitalismo y la tiranía de la economía capitalista, el objetivo esencial asombra por su sencillez conceptual, y debe ser el siguiente:
Que la empresa social (en la cual el factor humano prevalece sobre el factor capital y además se autogestiona democráticamente) vaya reemplazando a la empresa capitalista en la provisión de satisfactores de las necesidades humanas.
Esto, reemplazar unidades económicas capitalistas por unidades económicas sociales autogestionadas, debe ser el punto fundamental de partida en el corto plazo, junto a la difusión de una educación cooperativa y libertaria.
Con el correr del tiempo, luego de estos primeros pasos o concomitantemente, se podrá ir debatiendo el pasaje a posibles formas de colectivismo y/o comunismo.
El futuro ideal del largo plazo, sea cual fuera, requiere de la libertad económica como requisito sine qua non. Requiere que las empresas económicas dejen de ser las capitalistas. De ir hacia la igualdad económica, requisito esencial y fundamental de la libertad social.
Errico Malatesta creía que los anarquistas no pretenden poseer una verdad absoluta, sino que se debe ir tras una verdad social, en una sociedad de iguales. Que la mejor forma de convivencia social no podía ser algo fijo, válido para todos los tiempos y lugares, algo que pudiera saberse con mucha anticipación. Primero y fundamental, había que asegurar la libertad positiva económica y social, y así luego se iría descubriendo y llevando gradualmente a la práctica las soluciones, dejando siempre la puerta abierta a la participación.
Para iniciar el camino de cambio real y radical, aún sin poder imaginar o visualizar exactamente como será ese futuro ideal ético y político, lo que sí se debe saber y estar seguro es que no se debe seguir llevando a cabo, o permitiendo llevar a cabo, ninguna de las típicas praxis de la economía capitalista ya denunciadas, porque de seguir pasando esto (hasta en la más mínima cuestión) no podría jamás romperse el vínculo o nexo causal entre dichas prácticas capitalistas y sus efectos en forma de Males de la Humanidad.
