Rechazar o Resistir todo lo que baje desde un poder vertical vinculado a cualquiera de los cinco pilares o fuentes de Poder Asimétrico
“Ni dios, ni patrón, ni marido”, fue el lema del primer periódico feminista de Argentina “La Voz de la mujer” a fines del siglo XIX. Solamente faltaba agregar “ni general, ni presidente”.
Como quedara explicado al abordar las cinco fuentes del poder asimétrico antes de pronunciar la sentencia de la parte III, el capitalismo es hoy en día Poder Económico a la vez que es Poder Patriarcal, a la vez que es Poder Militar, a la vez que es Poder Religioso y a la vez que es Poder del Estado. La economía capitalista, omnipresente y hegemónica, se ha edificado sobre estos pilares a partir de la Revolución Industrial.
Por lo tanto, estos cinco pilares no son historia pasada. Estas cinco fuentes de Poder Asimétrico o de dominación son realidades plenamente vigentes.
La causa de la causa es causa del mal causado. En la parte III se ha hallado culpable a la economía capitalista, que en su praxis, causa todo tipo de Males de la Humanidad y atenta contra la vida. Pero la causa más profunda de los Males causados es la adopción sin interrupción, por costumbre o por coacción y coerción, de esquemas de Poder Asimétricos, como si vivir bajo dichos esquemas fuera lo único posible.
La economía capitalista se basa, funciona, enteramente bajo esquemas de Poder asimétrico o de dominación. Esto quedó comprobado cuando se explicó que las cinco grandes características de la economía capitalista solo se entienden vía el Poder asimétrico o de dominación (III.2.3. de la tercera parte).
Es fundamental eliminar conceptualmente desde el inicio toda solución que baje desde la jerarquía, desde la clase dominante, desde el género masculino predominantemente, desde el poder militar, desde altos representantes de cualquier religión o de autoridades de los Estados. Nada de lo que provenga de allí funcionará. Ningún grado de real libertad se puede conseguir apelando al sentido moral del que ejerce Poder Asimétrico. Nadie jamás en el mundo ha logrado autonomía y libertad “guiado” por lo que el propio opresor propone.
Por lo tanto, antes de pasar a un análisis de las posibilidades de otras economías en un contexto post capitalista, es fundamental tener en cuenta que, si se considera a la praxis de la economía capitalista como asentada sobre los cinco pilares históricos de Poder asimétrico tales como la “Gran Propiedad”, el “Patriarcado”, lo “Militar”, la “Religión” y el “Estado”, lo que se busca es que cualquier persona o comunidad tenga como regla, a la hora de analizar cualquiera de esas posibles alternativas económicas, ignorar, evitar, descartar o resistir cualquier alternativa que provenga o dependa de representantes de estos pilares.
Esta advertencia debería funcionar como una condición sine qua non para identificar y comenzar a demarcar lo que puede ser propuesta alternativa de real cambio de lo que no lo es, en todo ámbito de la vida, y muy especialmente en un ámbito como el económico, que tiene una incidencia total en tantos otros.
4.1. Posicionamiento de las personas comunes ante los “Poderosos económicos”, “Patriarcado”, “Religión” y “Militares”
Rechazar y resistir las pretensiones en base a violencia de parte de los poderosos poseedores de Gran Propiedad y de los representantes del Patriarcado es en gran medida de lo que se trata el presente trabajo, dado que estas fuentes de Poder social tienen un origen mayoritariamente económico, como se ha podido apreciar en las Partes II y III.
Con respecto a rechazar y resistir lo que baja de los distintos altos concesionarios de dios en la Tierra y de los representantes del Poder Militar, especialmente cuando todos estos juegan a gobernantes o a empresarios, no es mucho lo que se pueda señalar en ocasión de este trabajo. La tarea pasa fundamentalmente por poner énfasis en desmantelar creencias en ellos, trabajar sobre la comprensión de cómo funcionan los diversos mecanismos de violencia y opresión social, y fundamentalmente desalentar ejemplos de violencia horizontal, como los fundamentalismos religiosos, los nacionalismos, el racismo, el eurocentrismo, el etnocentrismo, el antropocentrismo, y todo “ismo” diseñado a dividir y hacer pelear entre sí a los miembros del 99% y así fortalecer a dichos representantes de esas fuentes de poder social.
Aníbal D´auria en “El anarquismo frente al Derecho” (2007) interpreta:
“Para Bakunin la religión es el despertar de la razón bajo la forma de la sin-razón, o sea, bajo la forma del error…la ficción divinidad (producto del miedo, la imaginación y la abstracción) no solo expropia la vida real en favor de la pura y suprema nada; también falsea las más elevadas nociones humanas de justicia, razón y amor. Cuando estos conceptos son atribuidos a dios, cambian radicalmente su sentido y se presentan como insondables para el hombre: la justicia, la razón y el amor divinos son siempre misteriosos, oscuros e incomprensibles. Por eso se requiere de “la revelación” y con ella, de los sacerdotes y el Estado. Así, la religión, que es el inicio de la salida del hombre de su esclavitud bajo la naturaleza, es también el inicio de su esclavitud bajo los hombres. La religión es el origen histórico y real de los Estados” (D´auria et al, 2007, p.52)
En relación al militarismo y a la absurdidad de la guerra, Ursula K. Le Guin, en “La mano izquierda de la oscuridad”, señala que la vida primitiva y la civilización son distintos grados de lo mismo, y que no son esos los opuestos. Dice Le Guin que si la civilización tiene un opuesto, este es la guerra. La guerra y la civilización no son coincidentes. Se tiene una o la otra, no las dos.
Resulta fundamental contribuir a que las personas comunes dejen de creer que hay o puede haber “algún ejército bueno”. Generalmente se le llama buenas, gracias al nacionalismo, a las fuerzas armadas del propio país. Pero esto es un grave error. En tanto persista la creencia de que algún ejército de algún bando pueda ser “bueno” entonces habrá guerras, porque siempre habrá personas decididas a defender la guerra en que participe su país o las fuerzas armadas que apoyan como “buenas”.
Esta, la creencia de que puede haber un bando bueno, ha sido la trampa histórica en que millones han sido masacrados sin sentido, mandados por sus gobiernos bajo la aprobación de masas, mientras que en cada guerra la civilización humana involuciona.
4.2. Posicionamiento de las personas comunes ante el “Estado”
Aquí, con respecto a la fuente de poder “Estado”, sí que vale la pena detenerse un poco más para, como mínimo, dejar sentados dos posicionamientos:
1) No existe debate económico real entre las concepciones políticas reconocidas en una democracia representativa formal
Hoy en día pareciera que no hay tanta cabida ya para que en países occidentales se produzcan nuevamente regímenes totalitarismos típicos de antaño, de anclaje militar, generalmente de derecha nacionalista (fascismos y derivados) o de derecha liberal (como la última dictadura militar argentina), ni tampoco para que se den totalitarismos en versiones de izquierda, mejor descriptas como experiencias pasadas de socialismo autoritario. Pero en muchas partes del mundo aún se dan.
En su faz económica estos regímenes autoritarios han defendido siempre expresiones de economía capitalista, ya sea de naturaleza privada o estatal o mixta. No es que dichos regímenes hayan desaparecido del todo, porque se verifican todavía en varios países del mundo, presentados como totalitarismos literales, teocracias o disfrazados de democracias de baja / bajísima intensidad apuntaladas por el partido militar. Pero se puede decir que hoy en día, en los principales países occidentales, ya no se presentan, o amenazan con presentarse, como una opción potencial explícita a la vía electoral formal.
En los sistemas políticos de los Estados Nación de la mayoría de países del mundo occidental, por la vía electoral, en la actualidad se conciben o se manifiestan como “permitidas” tres formas básicas de concepciones políticas.
Cada una de ellas se corresponde con una concepción de ideas económicas, que son a su vez las concepciones sobre las cuales está permitido el debate en los ámbitos académicos y mediáticos.
Estas concepciones "permitidas" para competir en el sistema político de una democracia formal son:
• Democracia formal representativa liberal
Variantes ortodoxas de la economía capitalista. Consiste en una concepción política de teórico respeto a instituciones republicanas, en la cual se verifica la hegemonía de la clase dominante de manera tradicional, ensalzando los valores de un teórico capitalismo democrático.
Las personas comunes resultan socializadas de tal manera que este mundo, el mundo en el cual hay una clase dominante / dirigente, les resulte lógico, racional, natural, de “sentido común”.
Esta concepción política, predominante en la mayoría de los países desarrollados y con fuertes presencias en países en desarrollo, llevan como correlativas las ideas de las corrientes de la Economía clásica, de la ortodoxia económica (o mainstream), lo que hoy llaman simplificadamente neoliberalismo.
• Democracia formal de índole popular o populismo
Variantes heterodoxas de la economía capitalista. Concepción política que se basa en la crítica parcial de la economía capitalista como mercado-céntrica y de la democracia burguesa como elitista.
El sujeto a emancipar sería el “pueblo” y el enemigo sería la “oligarquía”. Es el programa del “capitalismo para todos y todas”, en el cual el Estado en teoría quiere domar los mercados para que haya ricos pero que no haya pobres, ya que son feroces creyentes del "efecto derrame" (trickle down). También funciona echando manos a nacionalismos y en la identificación de “enemigos del país”, generalmente buscando culpables (países extranjeros, migrantes, etc.) de las penurias el país.
Estas concepciones políticas llevan atadas ideas de las corrientes de economía keynesiana, de la heterodoxia económica, lo que hoy llaman simplificadamente neokeynesianismo.
• Marxismo democrático o Leninismo
Variantes estatistas de la economía capitalista. Esta variante del sistema político incorpora, a medias, la crítica marxista del mundo burgués, podría considerarse en los hechos como un populismo más rojo.
Ve a la burguesía como el enemigo y al proletariado como el sujeto a emancipar. Su programa es el socialismo de Estado, al que se llegará mediante una revolución electoral dirigida por un “partido de vanguardia”.
Esta concepción, en el debate permitido y habilitado, se corresponde con ideas de marxismo y neomarxismo económico, en el cual, como rasgos salientes, las empresas deben ser de propiedad estatal, y la explotación del Ser Humano se administra hasta ser en teoría neutralizada, con poco apego a la consideración de la materialidad ecológica, compartiendo de esta manera características esenciales con la economía capitalista a la cual dice venir a combatir.
2) Diferenciar “la política” y “lo político”
Lo que habitualmente se llama “la política” y “la economía” no es en realidad ni representa “lo político” ni “lo económico”.
Cuando se habla de “la política” y “la economía” se habla de conocimientos habilitados oficialmente para que sean discutidos en un rango y con unas reglas que garanticen la continuidad del Capitalismo.
La democracia representativa liberal y el populismo son las dos formas que tienen total predominancia en los sistemas políticos del mundo actual.
Y si alguna vez un sistema político consagrara como forma de gobierno transitorio a partidarios del marxismo democrático, al triunfar en elecciones -muy probablemente con sólo un porcentaje minoritario de votos o una primera minoría como en el caso de Syriza en Grecia en 2015, de tristísimo recorrido- de ninguna manera podría incorporar la más mínima reforma seria de ningún tipo. Syriza ha sido un ejemplo de lo que puede resultar en la práctica un gobierno de este tipo de origen electoral que ni siquiera pudo poner en práctica ni uno de sus postulados, debiendo aceptar todo lo que bajaba de la troika europea (grupo de decisión formado por la Comisión Europea CE, el Banco Central Europeo BCE y el Fondo Monetario Internacional FMI), hasta dejarle lugar al cabode 4 años de nuevo el gobierno a la derecha política, con un funcionalismo casi perfecto al sistema capitalista luego de la rara excepción de haber ganado una elección.
Perdiendo elecciones, que es lo más habitual, la izquierda marxista democrática ayuda a legitimar a uno u otro gobierno que resulta elegido, pues estos salen ganadores de elecciones en las cuales las teóricas ideas revolucionarias también han participado. Si la izquierda marxista democrática no existiera, las otras dos facciones la inventarían. Nada más funcional.
Como dice Noam Chomsky, la inteligencia del sistema político está en que se habilitan y auspician fuertes discusiones dentro del sistema - “la política” - con la garantía que nada importante le ocurrirá a "la economía", es decir, al status quo.
Según Erik Swyngedow (en D´Alisa, Demaría y Kallis, Decrecimiento, vocabulario para una nueva era, 2017) por “lo político” debe entenderse el terreno de la lucha por futuros políticos-ecológicos- económicos, y cómo alcanzarlos.
Erik Swyngedow, en la obra citada, considera que “la política”, contrariamente a “lo político”, hace referencia a los juegos de poder entre actores políticos prestablecidos. “La política”, mediante las instituciones y tecnologías de gobierno, “instituye” a la sociedad, dándole forma a la misma. “La política” como gestión pública contrasta con “lo político” como esfera de disputas y luchas por los medio ambientes en los que deseamos habitar y cómo generarlos.
Y considera este autor que hoy en día (y desde hace mucho) existe una tendencia por parte de “la política” de suturar y rechazar o excluir “lo político”. En otra diferencia a marcar, “la política” actúa sobre y desde el Estado, mientras que “lo ´político” opera fuera, distanciada, del Estado.
3) No hay debate económico real entre los actores de “la política” ¿participar en ella?
Swyngedow, en la obra citada, concluye que:
“En el actual clima despolitizador (de no reconocimiento de voces y posiciones disidentes desde “lo político”) la gestión pública de las cosas y de las personas está hegemónicamente articulada desde “la política” en torno a la aceptación del Capitalismo como única forma razonable y posible de organización del metabolismo socio – natural, y del Crecimiento económico como el único modo posible de acceder, transformar y distribuir la naturaleza.” Erik Swyngedow (D´Alisa, Demaría y Kallis, 2017, p.158)
Como se aprecia, en consecuencia, en cada acto de “voting” de cualquier rincón del planeta gana siempre un partido que no existe como tal: el partido de la economía capitalista y del crecimiento económico (del productivismo).
Participar en el “voting”, es decir siendo convocado cada dos años por “la política” a participar solo por medio de un voto por alguna opción de las habilitadas dentro del sistema político de una democracia formal, es siempre votar economía capitalista, la cual siempre, matiz más o matiz menos, resulta triunfante en cada elección.
La discusión entre esas tres variantes principales típicas del sistema político es tan racional como pueden resultar racionales las discusiones sobre técnicas, tácticas y estrategias de la guerra, todas realizadas dentro de un marco absolutamente irracional como es la guerra.
Que se esté frente a una elección obligatoria por opciones que una persona jamás elegiría si pudiera obrar autónomamente es un claro indicador de presencia de Poder asimétrico o de dominación. Es estar además ante la presencia de una falacia: la de la falsa dicotomía, que se produce cuando por un mecanismo o ardid se quedan reducidas a dos las posibilidades de un argumento.
De alguna manera, el gobierno que se tendrá a cada momento será el resultado del voto hecho por “el mal menor” a través de generaciones pasadas. En definitiva, esta es la forma que va tomando en el tiempo el “todo cada vez peor”.
Esos componentes fijos de un Estado se refieren a todo tipo de policías (para vigilar y hacer cumplir medidas de imperio estatal), a las fuerzas de seguridad y agencias de punición, a las fuerzas armadas, a jueces y personal del poder judicial, y a los distintos aparatos ideológicos que dan formas las instituciones reguladoras de tales o cuales ámbitos de la vida (escuela, religión cultura, propaganda, etc.).
Estos cuatro institutos jurídicos, que bajan amparados y protegidos desde el Estado, analizados sólo brevemente en este trabajo, son los que básicamente permiten la acumulación monetaria, la sujeción coercitiva al sistema, y la apropiación de lo ajeno por parte de los capitalistas.
En todo caso, cualquier alternativa económica radical y comunitaria a la economía capitalista se las tendrá que ver con esos cuatro institutos jurídicos, ignorándolos o resistiéndolos.
Una vez entendido todo lo que antecede, no se ve ninguna razón para seguir mirando hacia arriba, y si muchas para empezar a mirar a los costados, para ignorar o resistir lo que venga del Estado y del Poder económico, y para empezar a construir con iguales y comunitariamente otros caminos para discutir “lo político”, buscar otras soluciones desde abajo para retomar decisiones sobre los futuros ecológicos y económicos comunes que hoy se deciden en otros lados.
El Estado puede y debe ser visto, entonces, como una relación de poder entre Seres Humanos: entre los que tienen y representan al Poder asimétrico y los que no tienen poder alguno.
Es más bien cuestión de intentar cambiar el mundo tomando como guía otro tipo de poder, el Poder Colaborativo o Cooperativo, ignorando y resistiendo al Estado (y por consiguiente también a todo organismo intergubernamental o supranacional) y a todo lo que baje de las otras fuentes históricas del Poder asimétrico, y construyendo caminos alternativos comunitarios en paralelo al Estado.
“La resistencia es la forma de la vida, la afirmación de la singularidad hacia la producción y hacia la construcción de lo que es común. Vivir supone resistir. El mundo no viviría si no hubiese resistencias. Sólo la resistencia determina el valor del trabajo, de la vida. Destruir el biopoder, que es lo que el capitalismo es hoy, implica una resistencia biopolítica que empieza en el hallazgo de la realidad común de nuestras vidas, en las relaciones y en la producción. Asumiendo que el terreno de lo común implica asumir el terreno de la singularidad, pisando un terreno para la demolición sistemática y a la vez para una construcción de poder constituyente de una nueva sociedad. Resistir es la única vía para la discontinuidad de la historia”.

