0. Introducción
Una clase de "Males de la humanidad" detectados por observación de una persona común - que no ha querido estar ya más distraída - se corresponde con los efectos que se dan como consecuencia de acciones y omisiones naturalizadas y legalizadas por la teoría económica capitalista que se dan por sectores económicos o determinadas geografías. Una especie de esa clase resulta ser "Extractivismo / depredación de la Naturaleza y de los Ecosistemas a raíz del alto consumo desde países desarrollados". En el presente apartado se reseña una acotada investigación respecto a este Mal.
1. Extractivismo
1.1. Tipos de extracción
El Extractivismo, según Eduardo Gudynas (2013), constituye un caso particular de extracción de recursos naturales.
Hace referencia a un modelo que supone la apropiación y
explotación de los bienes comunes de la naturaleza, su apropiación, y su venta en el mercado mundial.
El Extractivismo cuenta con distintas modalidades, y de
acuerdo a la zona en cuestión, refiere al tipo de recursos comunes que
explota. Algunos de dichos bienes comunes, son recuperables, como los que atañen a la agricultura, y otros, no se recuperan jamás, como es el caso de los minerales.
El Extractivismo, a nivel de determinados Estado Nación,
es un modelo de crecimiento económico. Este modelo de
crecimiento fomenta la extracción, por empresas mayoritariamente extranjeras sin compromiso con el país de origen,
de materias primas que se exportan escaso control, con poco
o nulo valor agregado.
El Extractivismo es un caso particular de extracción de recursos naturales, intensa o en altos volúmenes, destinados a
la exportación, sin procesar o con procesamiento limitado.
Aunque su materialidad es siempre local, su organización,
en el sentido político y económico, es también global.
1.2. Consenso de los Commodities y de las Infraestructuras
El Consenso de Washington estaba formado por el Fondo
Monetario Internacional (FMI), por el Banco Mundial y por
el Tesoro de Estados Unidos, las tres instituciones con sede
en Washington. Las medidas que se imponían fueron adoptadas a partir de unas recomendaciones elaboradas por un
economista llamado Williamson en 1989, y pretendían conseguir aspectos como liberalizar el comercio exterior y el sistema financiero, reformar la intervención del Estado o atraer
capital extranjero a los países en desarrollo.
Con la caída del muro de Berlín y el advenimiento de la
globalización, el consenso de Washington marcó toda la última década del siglo pasado para las economías emergentes
de la región con los resultados negativos para amplias capas
de la población por todos conocidos: aumento la desigualdad, ausencia de progresos sociales, deterioro de los derechos humanos en general.
La socióloga Maristella Svampa en su ensayo “Consenso
de los Commodities, Giro Ecoterritorial y Pensamiento crítico en América Latina” señala:
“En el último decenio (2002-2012), América Latina
realizó el pasaje del consenso de Washington, asentado sobre la valorización financiera, al Consenso de
los Commodities, basado en la exportación de bienes
primarios a gran escala. Ciertamente, si bien la explotación y exportación de bienes naturales no son actividades nuevas en la región, resulta claro que en los últimos años del siglo XX y en un contexto de cambio del
modelo de acumulación, se ha venido intensificando
la expansión de proyectos tendientes al control, extracción y exportación de bienes naturales, sin mayor valor
agregado. Así, lo que denominamos como Consenso
de los Commodities apunta a subrayar el ingreso a un
nuevo orden económico y político, sostenido por el
boom de los precios internacionales de las materias
primas y los bienes de consumo, demandados cada vez
más por los países centrales y las potencias emergentes… “ Svampa Maristella (2012)
A este panorama respecto de los commodities hay que
agregarle la proliferación de mega proyectos de infraestructura planificados para la región, especialmente los previstos
por la IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana), en materia de transporte
(hidrovías, puertos, corredores biocéanicos, entre otros),
energía (grandes represas hidroeléctricas) y comunicaciones, programa consensuado por varios gobiernos latinoamericanos en el año 2000, cuyo objetivo central era y es el
de facilitar la extracción y exportación de dichos productos
hacia sus puertos de destino.
“Así, la megaminería a cielo abierto, la expansión de la
frontera petrolera y energética (que incluye también
el gas no convencional o shale gas), la construcción
de grandes represas hidroeléctricas, la expansión de la
frontera pesquera y forestal, en fin, la generalización
del modelo de agronegocios (soja y biocombustibles),
constituyen las figuras emblemáticas del extractivismo en el marco del consenso de los commodities…”
Svampa Maristella (2012)
Según la Coordinadora Antiiirsa, la IIRSA no es simplemente una adecuación técnica-material, sino que constituye más bien una avanzada colonizadora jamás imaginada –en términos económicos, políticos y culturales- sobre
todo el subcontinente. Actualmente nos encontramos frente al mayor reordenamiento territorial efectuado en el continente desde la invasión europea. El mapa político que
conocemos de Sudamérica está siendo silenciosa y constantemente redibujado a nuestras espaldas.
Mega obras de
infraestructura se construyen en estos momentos en cada
rincón de Abya Yala (Sudamérica): carreteras, túneles, puertos, hidroeléctricas, hidrovías, con el fin de facilitar, intensificar, agilizar y encadenar la extracción de los
bienes naturales, rediseñando la geografía del continente e
imponiendo una territorialidad neoliberal total en función
del saqueo capitalista.
Svampa y Viale (2015) agregan que desde el punto de vista
social, el Consenso de los Commodities conlleva la profundización de la dinámica de desposesión. David Harvey (2004) fue quien popularizó la expresión
“acumulación por desposesión”, entendiendo por ello una
prolongación de las prácticas descritas por Marx en los orígenes del capitalismo: la acumulación originaria.
Esta desposesión incluye la privatización de la tierra, la expulsión de poblaciones campesinas hacia la ciudad, la conversión de las distintas formas de propiedad comunales en propiedad privada, la supresión y privatización de los recursos comunales, la eliminación de formas comunitarias alternativas de producción y consumo, la apropiación colonial de los recursos naturales, la financiarización y la tributación, el tráfico de seres humanos, la usura y el endeudamiento a través del crédito. El Estado, con su monopolio de la violencia y de la definición de la legalidad, juega un papel crucial en promover estos procesos que terminan con la disociación entre el productor y sus medios de producción y con la sustitución de las estructuras sociales preexistentes por relaciones capitalistas de producción.
Entre los elementos comunes de esta dinámica se destacan:
- la gran escala de los emprendimientos
- la tendencia a la
monoproducción o monocultivo
- la escasa diversificación
económica
- una lógica de ocupación de los territorios claramente destructiva.
Así, en función de una mirada productivista y eficientista del territorio, se alienta la descalificación
de otras lógicas de valorización. Los territorios son considerados como socialmente vaciables y sacrificables en orden
de satisfacer un teórico progreso tecnológico, desarrollista y
consumista.
Svampa y Viale (2015) califican lo acontecido, refiriéndose a
Argentina como un ejemplo de lo ocurrido también con Latinoamérica o Africa, como maldesarrollo. Según lo visto hasta
aquí, el modelo de maldesarrollo es uno que que se encuentra
articulado bajo una matriz extractivista que sustenta la profundización de una dinámica de acumulación por desposesión.
En la última década (desde 2005 hasta la actualidad más
bien) Argentina se ha convertido en un laboratorio a gran
escala de modelos de maldesarrollo. En efecto, tanto el programa estratégico oficial agropecuario 2012-2020 y el plan
estratégico minero, como actualmente la desesperada avanzada en Vaca Muerta para la explotación de los hidrocarburos no convencionales, entre otros, ilustran el modo en cómo
los gobiernos argentinos, no importa su signo, redoblaron la
apuesta por modelos de corte extractivo.
Estos autores Svampa y Viale señalan que de allí se derivan
varias consecuencias. En primer lugar, la implementación
de modelos de maldesarrollo ha modificado y amenazado
de modo sustancial las condiciones de vida de las poblaciones y la sustentabilidad de los territorios, lo cual ha tenido
como correlato la emergencia de una nueva conflictividad.
En segundo lugar, la imposición de una visión productivista
y sacrificial del territorio ha ido desembocando en la negación virulenta de otras miradas/lenguajes de valoración sobre el territorio. En tercer lugar, otro de los elementos que
se ha fortalecido con la consolidación del Consenso de los
Commodities es la vinculación entre extractivismo depredador, maldesarrollo y regresión de la democracia: sin licencia
social, sin consulta a las poblaciones, sin controles ambientales y con escasa presencia del Estado, o aun con ella, los
gobiernos tienden a vaciar no solo de contenido el ya bastardeado concepto de sustentabilidad o desarrollo sostenible, sino también a manipular las formas de participación
popular, o sencillamente impedirla, llevando a una nueva
fase de retracción de las fronteras de la democracia, visible
en el cercamiento y apropiación de los bienes comunes. En
cuarto lugar, en el marco del Consenso de los Commodities
y en nombre de las “ventajas comparativas”, los gobiernos
latinoamericanos han promovido un modelo de inclusión
anclado en el consumo, en el cual la figura del ciudadano
consumidor es protagonista de un falso “buen vivir”.
1.4. El Neoextractivismo y sus consecuencias
Conceptos como “acumulación originaria” (Carlos Marx),
sumado a conceptos como “acaparamiento de tierras”
(enunciado por Rosa Luxemburgo a principios del siglo 20 en su libro “Acumulación del Capital”), más los vistos más
arriba aquí “acumulación por desposesión” (David Harvey) o
“extrahección” (Eduardo Gudynas), permiten explicar el origen del capitalismo moderno, pero también el continuado
saqueo, acumulación, concentración y devastación colonial
que persiste hasta estos días.
“Si bien el extractivismo comenzó hace más de 500
años, ni este ni la conquista y colonización concluyeron al finalizar la dominación europea en América Latina. Estos procesos siguen presentes en toda la región,
sea en países con gobiernos neoliberales o progresistas: basta observar cómo con estos últimos gobiernos
se expanden aceleradamente los extractivismos en la
actualidad…En resumen, los países “desarrollados”, en
su mayoría, son importadores netos de Naturaleza y
los “subdesarrollados” son exportadores netos de Naturaleza.” Acosta y Brandt (2017, p.44y45)
“A comienzos del siglo XXI, el extractivismo se cargó de
nuevas dimensiones. En ese contexto, donde es posible
registrar continuidades y rupturas, es que el concepto
aparece recreado como neoextractivismo. Continuidades porque, al calor de los sucesivos ciclos económicos,
el adn extractivista con que el capital europeo marcó la
memoria larga de la región fue alimentando también
un determinado imaginario social sobre la naturaleza
y sus bondades. En consecuencia, el extractivismo fue
asociado no sólo al despojo y el saqueo a gran escala de
los bienes naturales, sino también a las ventajas comparativas y las oportunidades económicas que emergieron al compás de los diferentes ciclos económicos
y del rol del Estado. No por casualidad, ante los progresismos reinantes, el neoextractivismo volvió a instalar con fuerza la ilusión desarrollista, expresada en
la idea de que, gracias a las oportunidades brindadas
por el nuevo auge de los commodities y más aún del
papel activo del Estado, sería posible lograr el desarrollo. Rupturas porque la nueva fase de acumulación del
capital, caracterizada por la fuerte presión sobre los
bienes naturales y territorios, más todavía por la expansión vertiginosa de la frontera de los commodities,
abrió a nuevas disputas políticas, sociales y ecológicas,
a resistencias sociales impensadas desde el imaginario desarrollista dominante; nuevas brechas de acción
colectiva que cuestionaron la ilusión desarrollista al
tiempo que denunciaron la consolidación de un modelo tendencialmente monoproductor, que destruye la
biodiversidad, conlleva el acaparamiento de tierras y la
destrucción de los territorios.” Svampa (2019, p.17)
Además de los desastres ecológicos y sociales generados
por el descripto neoextractivismo, se verifican, siguiendo a Brand y
Acosta en su libro “Salidas del laberinto capitalista. Decrecimiento y Postextractivismo” (2017), severos problemas adicionales de índole económica en estos países extractivistas:
- Es normal que estas economías experimenten varias
“enfermedades”, particularmente la “enfermedad holandesa”: los efectos adversos que sufren diversos sectores
de una economía como resultado de la apreciación del tipo
de cambio de su moneda. Como consecuencia de la apreciación del tipo de cambio se abaratan las importaciones
generando un fuerte aumento de las mismas (por auge consumista) y se encarecen las exportaciones que disminuyen
con el consecuente riesgo de una contracción económica.
- La elevada tasa de ganancia sostenida por rentas derivadas de la riqueza de la Naturaleza más que del esfuerzo
humano que contienen los bienes primarios, motiva su
sobre producción, incluso cuando caen los precios de las
materias primas.
- La volatilidad propia de los precios de las materias primas
en el mercado mundial ha ocasionado que las economías
primario-exportadoras sufran problemas recurrentes en
su balanza de pagos y en sus cuentas fiscales.
- Endeudamiento de los Estados y posteriores crisis de Deuda: el auge de la exportación primaria también atrae a la
siempre bien alerta banca internacional, que en la bonanza desembolsa préstamos a manos llenas, como si se tratara de un proceso sostenible.
- La dependencia de los mercados foráneos, aunque paradójico, es todavía más marcada en épocas de crisis…Todas
o casi todas las economías atadas a exportar recursos primarios caen en la trampa de forzar las tasas de extracción
de sus recursos cuando los precios se debilitan. Buscan, a
como dé lugar, sostener los ingresos provenientes de las
exportaciones primas.
- El extractivismo no permite una diversificación productiva y, menos aún, genera encadenamientos dinámicos con
otros sectores económicos.
- Las empresas que controlan la explotación y la exportación de recursos naturales no renovables, por su ubicación y forma de explotación, se convierten con frecuencia
en poderosos grupos de poder empresarial frente a Estados nacionales relativamente débiles.
- La actividad extractivista utiliza casi exclusivamente insumos y tecnología del exterior. Todo eso genera que el “valor agregado" que
se mantiene en el país de la actividad primario exportadora resulte irrisorio.
2. El Postextractivismo
¿Cuál es el nombre o la forma que tomará el Decrecimiento, o lo correlativo al Decrecimiento para los países del norte, en los países del sur global, particularmente en América Latina? .
“Aunque el decrecimiento no está tan posicionado
como en Europa, también es motivo de preocupación
en el Sur. Esto demanda que los nuevos motores de la
economía giren alrededor de la solidaridad, reciprocidad, complementariedad y armonías, y la relacionalidad. Así –siguiendo las reflexiones de Enrique Leff– se
debe deconstruir la racionalidad capitalista y reconstruir alternativas, para superar al capitalismo. Al reconocer y valorar otros saberes y prácticas, así como
al reinterpretar socialmente la Naturaleza desde imaginarios culturales, como los del Buen Vivir o Sumak
Kawsay, se podrá construir esa nueva racionalidad social, política, económica, cultural, indispensable para
la transformación.” Acosta y Brand (2017, p.160)
Según lo visto en los capítulos vistos hasta aquí - Decrecimiento (II.1), Definanciarización (II.2), Economía Social Solidaria (II.3),
Economía Ecológica (II.4), Economía Feminista (II.5), Economía de los
Bienes Comunes (II.6) y Economía a Escala Humana (II.7) – surgen una
cantidad de rumbos que deberían tomarse para revertir los
daños que la economía capitalista ha causado hasta ahora.
Una posible sociedad que trate hacer más de lo distinto
que hasta ahora, que se sacuda los lazos que la atan al dinero
legal de curso forzoso, que organice sus actividades económicas sin el yugo del capital y tomando en cuenta los límites
ecológicos. Una sociedad que visibilice los trabajos de cuidado y que haga frente a los interminables intentos de cercamiento de los bienes comunes. Una sociedad que consagre
una economía que ponga la vida en general y la humana en
particular en el centro de todo.
“En América Latina hay muchos conceptos para alternativas de fondo. Pero Decrecimiento y Postcrecimiento aún no son parte sustantiva de ellas. Sin embargo,
hay otras opciones que implican potentes alternativas.
Especialmente en los países andinos, el Buen Vivir adquiere cada vez más defensores…Es válido, entonces,
que el Postextractivismo en estos países adquiera o
tome la forma de esfuerzos para crear las condiciones
necesarias para la materialización de los fundamentos
y principios del Buen Vivir, asumiendo que hoy en estos países se viven no solo una crisis económica y financiera crónica sino una crisis de Civilización.” Acosta y Brand (2017, p.161)
Para Acosta y Brand se puede aseverar que, al igual que la
perspectiva del decrecimiento, la visión del postextractivismo implica grandes y amplias transformaciones sociales.
El
decrecimiento se arraiga más en el debate ecológico, con un
enfoque más antropocentrista (Escobar, 2015). En ambos
debates, el concepto de justicia ambiental es clave. Al parecer de Acosta y Brand (2017) el postextractivismo se concentraría más en crear condiciones y formas de reproducción
social integrales, incluyendo en lo social aspectos económicos y medioambientales.
2.1. Decrecimiento y Buen vivir
Para Acosta (2016) el Buen Vivir, concepto que será analizado más adelante, amplia el horizonte del Decrecimiento.
Parar la vorágine del crecimiento económico e incluso decrecer, especialmente en el Norte global, es indispensable.
En un mundo finito no hay espacio para un crecimiento
económico permanente, como ya se ha visto. Seguir por esta
senda conduciría a una situación cada vez más insostenible
en términos ambientales, y más explosiva en términos sociales. Superar esta suerte de religión del Crecimiento económico, especialmente en el Norte global, deberá venir de la
mano del Postextractivismo en el Sur global.
La vinculación de estos procesos, Decrecimiento y Postextractivismo, en un contexto global, es fácil de prever: por
ejemplo, si en el Norte las economías no van a seguir creciendo, su demanda de materias primas tendrá que disminuir.
Entonces, los países del Sur mal harían si siguen sosteniendo
sus economías en la exportación de dichas materias primas.
Por esta simple razón y otras muchas más, es indispensable
también en los países empobrecidos abordar con responsabilidad el tema del crecimiento.
“Si bien es evidente que el imperativo capitalista del crecimiento y la orientación clásica en el “desarrollo” representan un problema también en el Sur, el Decrecimiento
todavía no logra permear conceptualmente la resistencia y las alternativas. Ashish Kothari, un conocido intelectual de la India y cofundador de la ONG Kalparvriksh,
fue al grano, al señalar que términos únicos no sirven
para todo el mundo ...Ashish Kothari acota que para las
sociedades del Sur global el decrecimiento o postcrecimiento no es una estrategia adecuada, y que lo fundamental son los debates sobre el bienestar :estar bien o
buen vivir o vivir bien.” Acosta y Brand (2017, p155 y 156)
En opinión de estos autores la visión latinoamericana critica como eurocentrista la perspectiva del Decrecimiento. La
perspectiva latinoamericana aprecia más las experiencias y
sentimientos que el debate del Decrecimiento, el cual no las desprecia del todo, pero claramente las valoriza menos.
Esta
diferencia se debe a que los debates políticos, en América
Latina, son mucho más elaborados en relación con la historia de la explotación de los recursos, y con el hecho de que
muchas personas viven y experimentan en carne propia las
consecuencias negativas.
2.2. El Buen Vivir como norte
Kothari, Demaría y Acosta (2015), en un artículo originalmente llamado “El desarrollo sostenible está fallando pero hay
alternativas al capitalismo”, advierten que con solamente la
crítica no es suficiente y que se necesitarán narrativas propias.
Se vuelve urgente desmontar el concepto de desarrollo y abrir
la puerta a una multiplicidad de ideas y visiones del mundo,
sean nuevas o viejas.
En este empeño surgen propuestas -con
diversos nombres y variedades que vienen desde los pueblos
indígenas de diversas regiones de América del Sur- como el
Buen Vivir (sumak kawsay o suma qamaña), una cultura de
vida en armonía del ser humano consigo mismo, de los seres
humanos en sus comunidades, de las comunidades entre sí,
y de los seres humanos y sus comunidades con la Naturaleza.
El Ubuntu en Sudáfrica, con su énfasis en la reciprocidad humana: “Yo soy porque nosotros somos, y ya que estamos, por lo tanto yo soy”. De la democracia radical ecológica o swaraj ecológico en la India. A este respecto, Acosta y Brand (2017) aportan que el nombre que el economista indio
Kothari le da a este marco es el de “democracia ecológica radical”, y la dota de cinco elementos en extremo potentes, que
deberíamos asumirlos como referentes en la construcción
de alternativas: sostenibilidad ecológica, bienestar social y
justicia social, democracia directa, democracia económica y
conocimientos comunes, con un enfoque en la autonomía
y el autogobierno. Y por cierto, tomando cuenta al Decrecimiento, que propone la posibilidad de poder vivir bien con
menos y en equidad en todo el mundo, sin sostener los privilegios de pocos grupos humanos.
Según la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas – CAOI- (2010) los términos utilizados en español
para describir el suma qamaña (aymara) o sumak kawsay (quechua) son vivir bien, utilizado en Bolivia, y buen vivir,
utilizado en Ecuador. Pero es necesario reflejar la traducción
más fidedigna de los términos aymaras y quechuas.
Para la cosmovisión de los pueblos indígenas originarios,
primero está la vida en relaciones de armonía y equilibrio,
por lo que “qamaña” se aplica a quien “sabe vivir”. Ahora
bien, el término de “suma qamaña” se traduce como “vivir
bien”, pero no explica la magnitud del concepto. Es mejor
recurrir a la traducción de los términos originales en ambas
lenguas. Desde la cosmovisión aymara,”suma qamaña” se
traduce de la siguiente forma:
Suma: plenitud, sublime, excelente, magnífico, hermoso.
Qamaña: vivir, convivir, estar siendo, ser estando.
Entonces, la traducción que más se aproxima de “suma qamaña” es “vida en plenitud”. Actualmente se traduce como
“vivir bien”.
Por otro lado, la traducción del kichwa o quechua (runa
simi) es la siguiente:
Sumak: plenitud, sublime, excelente, magnífico, hermoso(a), superior.
Kawsay: vida, ser estando, estar siendo.
Vemos que la traducción es la misma que en aymara: “vida
en plenitud”.
“Todos los pueblos indígenas originarios, a través de
diferentes expresiones, conciben el concepto del vivir
bien. En su cosmovisión contemplan aspectos comunes sobre el vivir bien que podemos sintetizar en: “Vivir bien es la vida en plenitud. Saber vivir en armonía
y equilibrio; en armonía con los ciclos de la Madre Tierra, del cosmos, de la vida y de la historia, y en equilibrio con toda forma de existencia en permanente respeto”. Y ese justamente es el camino y el horizonte de la
comunidad, implica primero saber vivir y luego saber
convivir. No se puede vivir bien si los demás viven mal,
o si se daña la Madre Naturaleza. Vivir bien significa
comprender que el deterioro de una especie es el deterioro del conjunto.” CAOI (2010, p.49)
Acosta (2016) aporta algunas pistas sobre qué se entiende
por Buen Vivir. Para empezar, bajo algunos saberes indígenas no existe una idea análoga a la de desarrollo. No hay la
concepción de un proceso lineal de la vida que establezca un
estado anterior y posterior, a saber, de subdesarrollo y desarrollo; dicotomía por la que deberían transitar las personas y
los países para la consecución del bienestar, como ocurre en
el mundo occidental. Tampoco existen conceptos de riqueza
y pobreza determinados por la acumulación y la carencia de
bienes materiales. Entonces, el Buen Vivir plantea una cosmovisión diferente a la occidental -mejor sería decir de la
Modernidad- al surgir de raíces comunitarias no capitalistas.
Sigue diciendo Acosta (2016) el Buen Vivir rompe por igual
con las lógicas antropocéntricas del capitalismo en tanto civilización dominante y también de los diversos socialismos
realmente existentes hasta ahora, que deberán repensarse
desde posturas socio biocéntricas y que no se actualizarán
simplemente cambiando de apellidos. El Buen Vivir, por tanto, plantea una tarea descolonizadora y, además, debería ser
despatriarcalizadora. Para lograrlo se precisa en particular
un profundo proceso de descolonización intelectual en lo
político, en lo social, en lo económico, por cierto en lo cultural. El Buen Vivir, como alternativa al desarrollo y cuestionadora del concepto tradicional del progreso, propone una
propuesta civilizatoria que reconfigura un horizonte de salida al capitalismo.
Afirma Acosta (2016) que desde el campo de la política,
concretamente de la toma de decisiones, es interesante reconocer que a nivel comunitario y de los Ayllus en muchas
partes de la región andina y amazónica, el Buen Vivir muestra un estilo y forma de gobierno diferente. El Buen Vivir
plantea la construcción de una sociedad fundamentada en
la horizontalidad, lo que demanda democracia directa, acción directa y autogestión, no nuevas formas de imposición
vertical y menos aún liderazgos individuales e iluminados.
Con discusiones amplias y participativas se avanza hacia
consensos, que luego son sostenidos por la comunidad.
En lo económico, siguiendo a CAOI (2010), se trata de promover una
economía comunitaria complementaria en términos de armonía, de equilibrio, de reciprocidad y de complementariedad en el horizonte del Vivir Bien. Bajo el principio del
equilibrio, la complementariedad genera la distribución y la
redistribución, según la necesidad del momento. En la comunidad, cada familia tiene el “derecho de relación” con la
Madre Tierra de acuerdo a su número de miembros. En la dinámica de la complementariedad, los miembros de la comunidad reciben y aportan de acuerdo a sus necesidades y
responsabilidades. En ese contexto se debe empezar a implementar la economía complementaria.
“La economía complementaria es ayudarnos permanentemente, es un compromiso con la vida, no sólo
tiene que responder a normas legales sino a principios de vida. En las empresas comunitarias una de las
características es la rotación de responsabilidades,
de esta forma todos asumen y cumplen con la comunidad. Bajo este horizonte, todo emprendimiento de
cualquier negocio debe tener como premisa referente
cuidar la vida, solo debe pervivir aquello que aporte a
la comunidad, que construya y no destruya…Las relaciones económicas comunitarias responden a una lógica de afecto y por lo tanto de complementariedad, en
este sentido se debe cuidar de todos quienes forman
parte de la comunidad.” CAOI (2010, p.60 y 61)
2.3. El Buen Vivir como propuesta que moviliza
resistencias
Según Brand y Acosta (2017) con las propuestas del Buen
Vivir no se quiere regresar al pasado ni idealizar modos de
vida indígena-comunitarios. Se busca reconocer y respetar
múltiples conocimientos y experiencias, así como prácticas en todos los órdenes de la vida. El tipo de luchas actuales gira en torno de territorios concretos.
En América Latina
se trata de luchas por tierra y territorios y,
consecuentemente, por más autonomía y autodeterminación, de luchas contra la marginación social, la destrucción
del medioambiente y a favor de la valorización del ser humano y la Naturaleza. Las demandas más importantes se
refieren a moratorias en relación con megaproyectos y a la
participación de la población afectada en la planificación
de proyectos.
Las propuestas del Buen Vivir indígena andino-amazónico
se suman a múltiples propuestas de vida comunitaria, como
son las de los zapatistas o de los kurdos y sus experiencias
de municipalismo comunitario (mencionados en II.6), así como se agregan a una multiplicidad de luchas de resistencia.
Aquí hay muchos puntos de encuentro con las acciones del
movimiento “decrecentista” en ciernes. En ambos debates,
el concepto de justicia ambiental (como se explicara en II.4) también es clave. Y en este sentido las luchas por
el territorio, como se veía más arriba, es la forma en la cual
habitualmente más se las visibiliza. Luchas ecofeministas en
las que al territorio y al ambiente se le suma la lucha por el
cuerpo de las mujeres (como se viera en II.5). Luchas
contra la mercantilización de los bienes comunes (vistas en II.6) y por la pervivencia de la identidad cultural de
los pueblos originarios. Luchas por la soberanía y seguridad
alimentarias (como se verán en el próximo II.9).
Los movimientos anti minería, anti fracking, contra los
desmontes indiscriminados, contra el uso indiscriminadode agroquímicos y los monocultivos, contra los megaproyectos como la defensa contra el proyecto de la carretera enel TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure) en Bolivia, o contra el proyecto del tren maya en
México, o las múltiples luchas en defensa de la Amazonia.
Todos estos movimientos y todas estas resistencias parten de la consideración de ponerle fin (o al menos límites) al extractivismo rural y de grandes superficies.
También existen movimientos contra otros tipos de extractivismo, como el extractivismo urbano por ejemplo. Movimientos sociales por distintas variantes de derecho a la ciudad, como los movimientos anti gentrificación,
movimiento por lucha por recuperar derechos como educación pública, salud pública y vivienda y espacios públicos.
Movimientos que, también, en diversas partes del mundo
van dando iniciativas con forma de “comunidades de transición” o “transitions towns”.
Bibliografía
Libros
Harvey, David. El “nuevo imperialismo”: acumulación por desposesión. 2004. En: Socialist register (pag. 99 a 129). CLACSO.
Buenos Aires. 2005.
Svampa, M. y Viale, E. Maldesarrollo. La Argentina del extractivismo y el despojo. Katz editores. Buenos Aires. 2015.
Svampa, Maristella. Las fronteras del neoextractivismo. Bielefeld University Press. 2019
Acosta y Brand. Salidas del laberinto capitalista. Decrecimiento y Postextractivismo. Fundación Rosa Luxemburgo. Quito. 2018
CAOI (Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas). Libro "Buen vivir – Vivir Bien". Lima. 2010.
Artículos
Gydynas, Eduardo. Extracciones, Extractivismos y Extrahecciones. Un marco conceptual sobre la apropiación de recursos
naturales. CLAES – Uruguay. 2013
Acosta, Alberto. Repensar el mundo desde el Buen Vivir.2016
Svampa, Maristella. Consenso de los Commodities, Giro Ecoterritorial y Pensamiento crítico en América Latina.2012
Kothari, Demaría y Acosta. La economía verde no cambia alcapitalismo.2015
Original en inglés: Sustainable development is failing but thereare alternatives to capitalism. 21jul2015
Videos
Coordinadora anti IIRSA. IIRSA: La Infraestructura de la Devastación. 2016
Fundación Rosa Luxemburgo - Rosalux andina. Video animado sobre extractivismo en América Latina. 2019





